• Paula Souilhe

CINCO PREGUNTAS A VIRGINIA FEINMANN

Actualizado: 23 de oct de 2020

Por Paula Souilhe


Virginia Feinmann nació en Buenos Aires en 1971. Es escritora, traductora y docente de talleres literarios. Ha publicado ficción breve en el suplemento literario de Página/12 y en las revistas Letras Libres, La Granada, Socompa, La Gaceta y El coloquio de los perros. En 2016 se publica su primer libro, “Toda clase de cosas posibles” y en 2018 el segundo, “Personas que quizás conozcas”. Varios de sus microrrelatos han sido adaptados para radio, teatro y espectáculos de narración oral. En forma reciente creó el grupo de Facebook “Diarios de Cuarentena” que cuenta con más de 3400 miembros, donde se comparten y comentan los textos que los integrantes van subiendo. Al segundo día de convocatoria ya habían circulado en el grupo 151 poemas, crónicas y diarios.


Virginia Feinmann. Fotografía: Paula Souilhe



¿Cómo y cuándo surge la escritura en tu vida?

No lo tengo muy rastreado. En principio surge la lectura. Leí con placer pero también leí como escribiendo, como quien sabe que quiere hacer eso, casi apropiándome de cada palabra que me gustaba, de cada sensación. A los quince años empecé a escribir una novela, en papel, con birome, no había computadora y no tenía máquina de escribir. La protagonista era como quería ser yo: alta, hermosa, con los ojos más claros, las tetas más grandes. Había un personaje muy malo del que ella estaba enamorada, que era Mario Pergolini. Tenía partes muy sexuales. Después había un aborto, me acuerdo de haber escrito algo sobre las entrañas podridas, todas cosas que no había vivido. Se la di a mi papá para saber su opinión y la perdió. Durante el secundario escribía cuentos de venganza hacia mis amigas que habían dejado de hablarme. Eran historias al estilo de “Carrie”, donde mi heroína (yo) se iba volviendo cada vez más bella, tenía un gato negro, daba saltos increíbles en la clase de gimnasia, y ellas engordaban, se llenaban de granos, se les caía el pelo y una se suicidaba. Después trabajé de periodista y es un registro muy distinto. Recién me puse a escribir ficción de modo profesional a los 41 años.

La elección de la primera persona en tus relatos, los temas que abordas, los personajes, el contexto de las situaciones, el contenido político que casi siempre se asoma, aunque sea de manera sutil; hacen pensar al lector que tu propia voz es la que aparece allí. ¿Cuánto de ficción y cuánto de autobiográfico hay en lo que escribís?

Es muy difícil trazar esa línea. Creo que las categorías están mal, quizás es otro binarismo del que hay que salirse. Para mí todo lo que escribo es ficción, porque nunca lo escribo del mismo modo en que pasó. Muchas veces ni siquiera me cuento a mí misma las cosas del modo en que pasaron. Ya las pienso de otro modo, más gracioso, más interesante, las exagero en mi cabeza. Y el paso siguiente es escribirlas, y las vuelvo a deformar. Es cierto que el contexto de lectura en las redes sociales, por ejemplo, plantea un pacto de “verdad” de lo que se lee. Quizás ahí hay más de lo autobiográfico que en los cuentos largos que escribo para el papel. Pero diría que es todo ficción. Puede ser que algo haya pasado en la realidad, pero sin dudas no pasó así.

Esta cuarta ola feminista que estamos atravesando desde hace algunos años y que cada vez interpela con más fuerza todos los órdenes de la vida, ¿modificó o influyó de alguna manera en tu forma de escribir y de pensar la escritura?

Me dio elementos para defenderme cuando desde los medios se refirieron a mis libros como “pastillas del universo femenino”, porque une escritxr pone a jugar elementos con los que construye un universo, y resulta que cuando lo hace un varón es el universo sin más, lo dado, lo normal, y cuando lo hace una mujer es el universo “femenino” como si fuera la excepción, lo particular, lo extraño a la literatura. Pero a veces también me condicionó, como un mandato interno, por ejemplo hace unos años estaba escribiendo la historia de una empleada doméstica joven que de algún modo abusaba de la hija de sus empleadores, en el sentido de que le mostraba partes de su cuerpo, la iniciaba en el conocimiento de lo sexual, y cuando llegó la fecha de mandarlo al diario no me animé a hacer un personaje femenino tan antipático. Una mujer joven, humilde, lo transformé en una historia mucho más inocente. Por otro lado necesitaba que esta mujer fuera hermosa, y le ponía ojos color avellana y cuerpo fibroso y pelo larguísimo y tenía amigas que me decían ¿por qué tiene que ser fibrosa y hegemónica para ser linda? ¿por qué una piba gorda no puede despertar deseo? ¡ponele una cuerpa alternativa! y se me hizo un lío y no sé si el resultado fue muy bueno.

¿Cómo surge diarios de cuarentena y qué sucedió a partir de su creación?

Fue en los primeros días de la cuarentena, cuando todxs estábamos muy confundidos, así que no me acuerdo bien. Fue muy rápido. Estaba sola y muy asustada y me puse a escribir. Me salió como un diario, como un registro de sensaciones del encierro y el miedo. Lo mandé a Página 12 y el editor me dijo que le había encantado y que lo publicaba al día siguiente. Eso me calmó. Esas palabras. Me hicieron bien. Entonces pensé que quería hacer lo mismo por otrxs. Que otrxs que quizás estaban solos pudieran escribir y decirles que los estaba leyendo, que me había gustado. Abrí el grupo y en muy poco tiempo empezaron a llegar textos de todo el país, de otros países también, el mundo estaba en cuarentena. Durante los primeros meses leía todos y comentaba sin parar, como si me lo hubieran encargado como una tarea para ayudar. Y fue un poco como suele ser, que una cree que ayuda, pero la verdad es que esa tarea me ayudaba a mí. Ahora en el sitio también se pueden leer ficciones sobre otros temas. Entro cuando puedo porque estoy con muchísimo trabajo pero también confío en un núcleo duro de autores y lectores que lo sostienen

Estabas trabajando en tu tercer libro. ¿De qué se trata?

Es una apuesta por un formato diferente al microrrelato. Mis dos primeros libros compilaron textos breves que habían circulado en las redes. Esta vez quiero compilar mis cuentos largos de los suplementos literarios y revistas. Pero quiero agregarle cuentos nuevos y todavía no los escribí. De las partecitas de mí que pude recuperar después del estallido de la pandemia, pude recuperar la capacidad de leer (gracias a Elsa Osorio), me recuperé como docente y estoy feliz dando taller virtual a más de 40 personas, y me falta recuperar la de escribir largo y tendido, en paz, disfrutando. Eso siempre es lo que más se nos escapa.

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