• Leandro Crovetto

ÁMBAR ESPERA

Actualizado: 3 de nov de 2020


Fotografía: Leandro Crovetto (2016)


Ámbar espera, sentada en Plaza Houssay, frente a la Facultad de Medicina y recuerda las veces que le ha tocado dormir ahí, o dentro del Hospital de Clínicas, en uno de los últimos pisos donde no transita mucha gente.


Ámbar espera y recuerda cuando asumió su identidad de género y fue expulsada por su familia de su casa en Martínez. Recuerda cuando su hermana le mandó una patota para golpearla y tuvo que irse a la Ciudad de Buenos Aires a buscar un lugar. Recorriendo las calles frías de la ciudad, durmiendo en plazas y halls de hospitales es que ella comienza a descubrir que comparte el mismo destino al que son llevadas muchas chicas trans por el simple hecho de existir.


-Una vez intenté prostituirme, pero me dio miedo- confiesa en una de nuestras largas charlas recorriendo la ciudad. Una ciudad que pretende ser moderna pero no para de excluir.

Luego de meses de dormir en la calle, Ámbar llega el Centro de integración Frida Kahlo, un centro que acoge a mujeres cis y transgénero en situación de calle y desde ahí intenta salir adelante lidiando con todos los obstáculos que le impone la sociedad. Conocí a Ámbar en la “Marcha de las putas” en el año 2015 y luego la volví a ver en el Frida en el 2016. Desde ese momento compartimos charlas, caminatas por la ciudad, salidas nocturnas. Éramos Ámbar, mi cámara y yo.


-Vayamos por enfrente-, me dice al ver un grupo de trabajadores de la construcción charlando en la vereda con el objetivo de evitar el insulto o las risas de los “machos” cuando están en grupo.

En ese zig-zag por la ciudad, Ámbar sueña. Y en ese soñar travesti quiere ser artista, como Ámbar LaFox, a quien dedica su nombre.

Cansada de esperar, y pujando para negar ese devenir de muerte, Ámbar explora distintas ramas del arte, actuando y escribiendo.


“Muchas veces me presento como Carlos,

para no incomodar a partenaire

Ámbar soy y versátil, no solo en lo sexual.

Señor Ámbar para poder conseguir un trabajo digno,

señora Ámbar para hacer la calle.”


Años después, entre arte y búsquedas laborales, Ámbar logra egresar del Frida para vivir con amigas y desde ahí, construir su trinchera para explotar en colores diversos, dejar de esperar y ser.


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